Mi amor por la Roja, sigue el recorrido por Chile

Capítulo 2: El hospedaje

Antes de iniciar el viaje había oído hablar de la app Couchsurfing y al tener buenas experiencias en Cusco decidí usarla en Chile también. Si eres viajero imagino que la conoces pero si no, te cuento que es una aplicación que funciona para conseguir hospedaje gratis en el país al que viajas y para generar un intercambio cultural pues en muchas ocasiones los locales comparten tiempo contigo y te enseñan su ciudad; de igual manera el hospedado puede compartir alguna comida típica de su país o enseñar algo de su cultura. Ojo con revisar el perfil de los que te hospedan y los comentarios que otros viajeros escribieron sobre esa persona. Igualmente, ellos revisarán tu perfil y leerán los comentarios que otros hosts escribieron sobre ti antes de que acepten recibirte en sus casas.

Ya estaba en la terminal de buses de Santiago y para mi alegría había wifi, así que contacté a la persona que me iba a hospedar con el fin de recibir indicaciones de cómo llegar a su casa. Ok. Por primera vez tendría que usar el metro de Santiago y tanto orden me cautivó. ¡Qué organizados son los chilenos! Palmas.

Metro de Santiago

Mi host vivía en el centro de Santiago, me dijo que me bajara en la estación “Bellavista” y que caminara hacia su departamento. Si mal no recuerdo, trabajaba en una agencia de publicidad y era de Viña del Mar pero se había mudado a Santiago para estudiar. Me dijo que podía comer lo que quisiera, que no podría dedicarme mucho tiempo porque estaría trabajando pero que me sintiera como en casa. Además me entregó las llaves del departamento para que entrara y saliera cuando quisiera.

¿Es en serio? ¿Así como así? – Pensé, antes de instalar mis cosas en su living y apoderarme del sofá. También me dio recomendaciones de lo que podía hacer en Santiago y me entregó unos folletos turísticos.

A la mañana siguiente, mi amable host salió temprano al trabajo mientras yo me quedaba planeando mi día. En Santiago, como en muchas partes, existen los free walking tours ¡y ese sería el primero que haría! Estaba muy emocionada por conocer la ciudad.

Plaza de Armas de Santiago

El punto de encuentro fue en la Plaza de Armas y el guía del grupo sería Guille, un uruguayo viviendo en Santiago y uno de los mejores guías de ese tipo de tours que he tenido hasta el momento. En total caminamos cerca de tres horas y conocimos los lugares turísticos de la ciudad: El Palacio de la Moneda, Barrio Lastarria, Bellavista, Cerro Santa Lucía, esa calle en forma de “Y”, la casa de Pablo Neruda y más lugares acompañados de mucha historia. Realmente me encantó. Al finalizar el tour ya había entablado conversación con una norteamericana que estaba aprendiendo a hablar español y que, junto a Guille, acordamos volver a reunirnos. Intercambiamos Facebook. Han pasado tres años desde ese encuentro y a lo largo de todo ese tiempo Guille y yo no hemos perdido contacto; curiosamente cada vez que nos escribimos yo me encuentro en algún lugar diferente. Ahora él está casado y vive en España. Si lees esto ¡te mando un abrazo virtual, amigo querido!

Caminando de regreso, me empecé a preguntar… ¿Y ahora qué?, ¿cuál es el plan? Ya había cambiado otros $40 USD que sabía no me durarían mucho. Chile es caro.

A la mañana siguiente ya tenía que salir del depa pues en promedio los hosts te hospedan por dos o tres noches así que me quedaría con el único conocido que tenía en Santiago, Sebastián. A Sebas lo había conocido dos años atrás cuando yo me encontraba viajando desde Lima a Buenos Aires y él junto a su primo, de Lima a Santiago. Ya los había visto en la sala de espera comportándose como dos niños y jugando a las peleítas. Me parecieron raros hasta que al subir al avión ¿con quienes creen que me tocó sentarme? Tragicómico. Y para rematar el asunto, estábamos sentados en la última fila del avión, apretados y sin ventana pero ellos siguieron jugando a las pelitas, tirándose puñetes en el brazo y haciendo comentarios graciosos hasta que ya no pude evitar reír. Resultaron ser buenos cabros – así a lo chileno – y conversando, me contaron que habían estado mochileando por Sudamérica pero que ya iban de regreso a su país. En ese entonces, para mí “mochilear” era algo para aventureros, arriesgados y para gente que no se baña ni tiene plata. Prejuicios, ¿eh? Yo, por mi parte, viajaba a Argentina para llevar mi segundo y último ciclo de una Licenciatura en la Universidad de Palermo. Tan aplicada (emoji con lentes). Durante en mi escala en Santiago intercambiamos Facebook, nos despedimos y perdimos el contacto hasta que ¡oh sorpresa! Dos años después nos volvimos a encontrar.

Puente de los candados

Sebas vivía con una pareja de amigos mexicanos que andaban de intercambio estudiantil y recuerdo que en este punto del viaje empecé a notar que existen muchas personas generosas en el mundo que disfrutan ayudar. Pasaron tres días  en “La embajada de México” (así se llamaba su señal de wifi) y antes de irme me llevó a conocer un sector hermoso y poco turístico. Ya no recuerdo cómo llegar pero sí unas casas hermosas y de estilo colonial ubicadas cerca a la estación de “Los Héroes”. También me acompañó al Patio Bellavista a dejar algunos currículums pues a esas alturas había decidido que necesitaba trabajar.

Aunque Sebastian se había ofrecido a hospedarme más tiempo no quise incomodar y, felizmente, ya tenía otro host. A lo largo de tres semanas me hospedé con siete personas diferentes, todas muy buenas experiencias a excepción de una que no vale la pena mencionar. Igualmente, ¡Viva Chile!

Se dice que para las mujeres es más fácil hacer dedo y encontrar hospedaje en couchsurfing y es verdad. Más fácil pero también riesgoso. Y no me vengas con que “no pasa nada” porque lamentablemente sí, si pasa. De cualquier forma y aunque no era consciente, mi protección divina me mantuvo a salvo. Todo mi amor a mi Rey.

Quisiera mencionar a todas las personas que me hospedaron a lo largo del viaje pero nombraré a los más resaltantes: primero a Francisco o Fran, como me gusta llamarlo, y en los capítulos siguientes a Saida. ¡Los amo!

Keri junto a Fran, su host y amigo.

Bueno, qué decir de Fran, el único host hombre que se convirtió en mi amigo y que hasta el día de hoy, cada vez que vuelvo a Chile, visito para conversar y llevarle un recuerdito de mi país. Ese sofá rojo de su living se convirtió en mi hogar por ¿seis, siete días? Y fue allá cuando recibí la noticia de que ya tenía trabajo. También, durante esos días, fue cuando me encontré con Rodrigo, un chileno que vivía en otra región y que había conocido por internet antes de iniciar mi viaje. Fran fue testigo del inicio de esa “relación” (aunque escéptico), también me llevó al cuartel de los bomberos -olvidé mencionar que es bombero- para que su amigo me revisara la lesión del pie y por si no fuera poco, me consiguió el contacto para arrendar una pieza en un departamento compartido pues si ya iba a trabajar, necesitaba un lugar dónde vivir.

Sólo me queda decir: Infinitas gracias Fran, sigues siendo mi gran amigo.

Revisa el primer capítulo de este viaje por Chile aquí: Mi amor por la Roja, Capítulo 1

Encuentra el siguiente capítulo de esta apasionante historia pinchando aquí.

Keri Recabarren

Comunicadora y Travel Blogger.

Escribo artículos de mis experiencias de viajes y soy conductora del programa «Te veo en la ruta» en mi canal de YouTube. También organizo viajes para Cusco, Arequipa, Puno y Ayacucho.

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