Mi amor por la Roja, dos meses en Santiago

CAPÍTULO 3

La gran ventaja que tenía para conseguir trabajo era mi papá. Aunque en ese momento no teníamos una relación cercana ni manteníamos comunicación desde hacía muchos años, mi papá, chileno, había inscrito mi nacimiento en su Embajada y esa doble nacionalidad me permitía tener el pasaporte y la cédula de identidad. Por supuesto que no imaginé que algún día haría uso de ese beneficio hasta que el día llegó.

Mi primer trabajo en Chile fue como anfitriona en un restaurante peruano del Patio Bellavista. Las funciones me agobiaban porque tenía que estar parada en la puerta tratando de que las personas ingresaran al local; sin embargo, los $500,000 CL de sueldo me guiñaron el ojo y me animaron a soportar. A la par, mi relación a distancia con Rodrigo se iba desenvolviendo y según yo, estaba enamorada. En cuanto al departamento, quedaba cerca a La Moneda, era grande y vivía con cuatro chicas más: una pareja de chilenas, otra chilena y una colombiana. Parecía que mi vida se estaba estabilizando y, por primera vez, me sentía totalmente independiente y en calma. ¿Esto era la adultez?

Mis sueños de viajar habían quedado en pausa y pensé que finalmente había encontrado lo que estaba buscando. Ya no me sentía vacía ni con la necesidad de cambiar de lugar hasta encontrar “eso” que me haría feliz. Sin embargo, dos meses pasaron y así como empezó, se terminó.

Rodrigo y yo nos alejamos; las cosas en el departamento se habían complicado gracias a la pareja de chicas y sus peleas agresivas que incluían golpes y amenazas con cuchillos; la colombiana que también vivía con nosotras tenía un problema serio de bipolaridad y jamás olvidaré cuando un día tocó mi puerta desesperada y gritando como loca…¡cuando salí me espanté! Había un camino marcado con gotas de sangre y un corte gigante en su pierna (le pusieron como 20 puntos), estaba tan desesperada que sólo daba vueltas en el mismo lugar mientras ella no paraba de gritarme que se quería morir y que nadie la quería. Llamé a  los bomberos, a la policía, a la emergencia pero ninguno me ayudó sino que uno me decía que llamara a los bomberos y el otro que a emergencia y así. Finalmente llamé a mi querido amigo Francisco quien fue por nosotras y nos llevó al hospital.

Sumando a todo eso, no soportaba un día más parada frente a una pared blanca tratando de sonreír mientras que por dentro lloraba, sencillamente necesitaba volver a moverme. Recuerdo que en esa etapa de mi vida había aprendido a viajar ligera y que me era muy fácil desprenderme de lo material así que no dudé en dejar todas las cosas que había adquirido en tan poco tiempo, alisté un poco de ropa, me volví a poner la mochila y me fui rumbo a Buenos Aires (pensando que realmente serían buenos aires), sin embargo, llegué a casa de mi amigo Gianfranco hundida en una profunda tristeza, nuevamente sin rumbo y con el corazón roto ¡realmente me sentía tan sola y triste!

El buen Gian me hizo espacio en su living sin imaginar que mientras él se iba a trabajar yo lloraba, no le encontraba sentido a la vida (así de grave) y estaba muy confundida respecto a todo. Yo estoy segura de que muchos de nosotros pasamos por etapas de incertidumbre y vacíos existenciales y esa fue la mía. En ese momento no quería pensar en Dios porque simplemente no me daba la gana. Había crecido en un entorno cristiano y conocía bastante de r e l i g i o n – por favor recuerda esta palabra que mencionaré más adelante- así que no quería saber más de eso sino que prefería descubrir el mundo por mí misma. Así, pasé una semana en la ciudad de la furia durante la cual fui a trabajar unos días a mi ex trabajo (un café muy lindo), visité a mi prima Naty que en ese entonces vivía allá con su novio, hice un picnic con mi amiga Johanna (una argentina hermosa que era mi compañera de trabajo) y salí con Gian a comer postres a un lugar maravilloso. Sin embargo, por dentro pedía auxilio a gritos.

Y siendo aún más sincera, pensaba que la solución a mi tristeza era cambiar de lugar una y otra vez, es decir, escapar. Entonces me fui a dedo hasta Bariloche con una holandesa que conocí y su novio argentino. Fueron 2 días de viaje largos en los que pensé mucho y en los que logré animarme, aunque fuese momentáneamente. Al llegar al destino, busqué un voluntariado en una página de internet y encontré un hostel que ofrecía alojamiento y comida a cambio de unas cuantas horas de trabajo en la atención, me pareció genial y decidí quedarme en ese lugar junto a cuatro voluntarios más sin saber exactamente por cuántos días, semanas o meses. Cierro los ojos y definiría ese tiempo de mi vida como melancólico y al lugar, como una clínica del alma.

Los primeros días los pasaba sentada frente a mi computadora escribiendo mis pensamientos, sentimientos o esperando que Rodrigo apareciera (me pegó duro). Después empecé a mejorar y salía en grupo a hacer trekkings o conocer la zona. Un día estaba caminando por el hostel y encontré una iglesia a la que ingresé por si encontraba algo bueno pero me aburrí tanto que me fui, no sin antes preguntar si podía llevarme una de las biblias que abundaban por ahí, la cual pesaba y no abrí hasta meses después.  

Aunque mi estado anímico no fue el mejor, Bariloche me fascinó y trabajar como voluntaria también porque conocí a muchas personas de distintos países que viajaban buscando algo o confundidos, otros lo hacían felices y como relajo, otros viajaban sin fecha de retorno. En ese mismo hostel conocí a personas maravillosas como Florencia de Argentina, Margot de Francia, Anastasia de Rusia, Jake de USA y a Claus y a David, uno de Dinamarca y el otro de Polonia, con quienes embarqué un viaje de tres semanas rumbo a la Patagonia haciendo dedo y con quienes viví experiencias hermosas que me reafirmaron lo mágico que es compartir el camino junto a otras personas.

Nuestra ruta de 3 semanas en hostels, acampadas, comidas baratas, camiones y ferrys fue esta:

BARILOCHE – EL BOLSON – ESQUEL – EL CALAFATE – EL CHALTEN – CHILE CHICO – COYAIQUE – PUERTO CHACABUCO – CHILOÉ – PUERTO MONTT

Y en Puerto Montt nos dijimos adiós.

Si quieres conocer este viaje desde un comienzo, puedes hacerlo pinchando aquí Capítulo 1: Mi amor por la Roja

Keri Recabarren

Comunicadora y Travel Blogger

Escribo artículos de mis experiencias de viajes y soy conductora del programa «Te veo en la ruta» en mi canal de YouTube. También organizo viajes para Cusco, Arequipa, Puno y Ayacucho.

2 comentarios en “Mi amor por la Roja, dos meses en Santiago

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