A dedo, a dedo, que sí se puede

Compré un boleto de bus para ir de Santiago a La Serena. Sola, sin mucha expectativa, pero segura de algo, en ese lugar iba a hacer dedo por primera vez en un país que no es el mío, soy de Costa Rica.

Muchas personas me habían dicho que iba a resultarme sencillo. Así que dejé de lado mis miedos y la verdad es que no me fue nada mal, el norte me estaba preparando, sin yo saberlo, para lo que luego vendría en el sur.

Iba desde una de las playas al centro, me coloqué en una esquina, levanté mi dedo pulgar y en cuestión de diez minutos un señor en una camioneta roja paró. Me recuerdo y me da risa, porque me decía a mi misma en voz baja, ¿y ahora qué hago?, no sabía si subirme primero o contarle para donde iba. Fuimos a hacer un mandado y luego me dejó en el centro comercial.

Y así una y otra vez pedí un aventón. Tanto me gustó que cuando decidí recorrer la zona sur y austral me saltó la idea de hacerlo de este modo. Antes visité Pucón, y la isla Chiloé.

En Chiloé conocí a Freddy, hicimos ruta juntos un par de días y me llevó desde ahí hasta Caleta La Arena, en donde tomé una barcaza.

Así inicié esa travesía que luego continué con Rodrigo, a quien conocí en Santiago. El plan, el mismo. Era momento, para mí, de probar si era cierto que las mujeres solas tenemos más éxito para que nos lleven. Pues con franqueza les digo que aquello es un mito, al menos en estas latitudes. Sí hubo días en los que esperamos bastante tiempo para que alguien se apiadara de nosotros, pero más porque no había tanto tránsito, la voluntad de ayudarnos nunca faltó.

Ahí no era lo mismo que en el norte, yo cargaba mi mochila de 40 litros, la de Rodri era más grande que la mía. Llevábamos carpa, una cocinilla de gas, comida, ¡y ya no recuerdo que más!

Conocimos muchas personas, con historias distintas, todos con corazones bondadosos. Podría escribir líneas y líneas sobre esto, pero hay un momento que recuerdo significativamente.

Corrimos hacia el auto azul con nuestras cosas, un señor que ya rozaba los setenta años salió para abrirnos la cajuela, adentro, en el asiento delantero, su esposa esperaba a que subiéramos.

Ella iba conectada a un tanque de oxígeno. Yo estaba sentada detrás de su esposo, así que podía ver la dificultad con la que respiraba. Nos contó que su hija es una viajera, igual que nosotros. Su último consejo fue “viajen, viajen mucho y lejos, cuiden de su salud que es lo más preciado que tenemos”.

La última vez que hice dedo en el sur fue de Villa O´Higgins a Puerto Río Tranquilo, en este tramo iba con Robinson. Tomamos una barcaza, subí al segundo piso y desde ahí le puse el ojo al que sería nuestro próximo conductor. Bajé y le hablé, para mi grata sorpresa su destino final al igual que el mío era Coyhaique, me ofreció llevarme, los tres dormimos en Tranquilo y al día siguiente él y yo continuamos ruta.

Tomé mi vuelo de regreso a Santiago agradecida, motivada y con la entera convicción de que todos podemos hacer dedo para cumplir sueños.

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Iva Meza

Travel Blogger en Vieneiva

Costarricense, viajo y trabajo como periodista desde cualquier parte del mundo. Amante de la naturaleza, del yoga, de la gente y sus costumbres. Voy buscando historias positivas. ¡Pura vida!

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