Tiburón ballena a la vista

Le propuse a Alfredo, un amigo mexicano que conocí en Costa Rica, ir a nadar con tiburones ballena para su cumpleaños. Él vive en Mexicali, en el estado de Baja California, y yo había leído que a unas siete horas desde ahí en carro, en Bahía de Los Ángeles, organizaban tours.

Cuando me dijo que sí escribí a varios tour operadores y solo recibí respuesta de uno. Hice la reservación con dos semanas de anticipación.

Invitamos a una pareja de amigos, Kim y Ale, y salimos rumbo al sur un viernes por la noche. Música plancha a full para cantar, actitud al 100 y luego de cuatro horas llegamos a Bahía San Luis Gonzaga a donde montamos la tienda de acampar para dormir.

Al día siguiente, era sábado, me levanté muy temprano, salí de la tienda tratando de no hacer bulla para no despertar a ninguno, y me senté a admirar el amanecer. Poco a poco los demás se me fueron uniendo y tras darle la bienvenida al nuevo día frente al Mar de Cortés seguimos hasta Bahía de los Ángeles. 

Yo estaba fascinada con el paisaje: montaña, desierto y mar, ¡qué combinación más linda!. Además llegan pocos turistas. Y no hay señal de celular, así que sí o sí te desconectas. Y la verdad lo disfruté. Éramos nosotros y la naturaleza.

Almorzamos, buscamos un hotel y después de dejar los chunches en la habitación salimos en busca de playa. Y llegamos a La Gringa, hermosa y solitaria, su agua está siempre en calma y tiene muchas piedras. En la zona también están Punta Arena, al noroeste, Los Ángeles, en la parte central de la Bahía y Moana al sureste. Mi preferida La Gringa.

Esa noche cenamos en el hotel y el domingo Alfredo y yo nos levantamos temprano para ir a nadar con los tiburones ballena. ¡Qué emoción!.

Nos encontramos a las 7:30 de la mañana con el guía y con nuestros compañeros de viaje. Haríamos un recorrido de cuatro horas por algunas de las 16 islas de origen volcánico de la Bahía.

Nos montamos en la lancha y la primera parada fue isla La Ventana, que tiene una formación hueca, que le da su nombre. Ahí es literalmente la parada para la foto.

Seguimos hasta La Calavera, y nos dimos el primer chapuzón del día nada más y nada menos que con los lobos marinos. Aprovechamos también para hacer snorkel, ¡totalmente recomendado!, en Bahía de Los Ángeles se registra la mayor productividad marina del Mar de Cortés.

El recorrido siguió hacia Los Gemelitos, un par de islotes llamados así por su semejanza, íbamos en busca de pájaros bobos de patas cafés y azules, fragatas, cormoranes y gaviotas de patas amarillas.

Pasamos luego al Puerto de Don Juan, acá la playa es realmente hermosa, solo se puede llegar por mar. El agua era transparente, ideal para hacer snorkel, también hay un barco encallado.

Y lo mejor quedó para el final, ¡no encontramos uno, ni dos, sino tres tiburones ballena! ¿Pueden imaginarse mi grado de alegría?, lo recuerdo y sonrío. Era la primera vez que tenía de cerca a estos animales tan inofensivos pero tan grandotes.

Cuando vimos al primero yo sólo quería que el guía nos diera rápido la orden para bajar. Terminó de dar las indicaciones y yo me tiré.

El tiburón nadaba tranquilo, feliz en su hábitat, yo lo seguía. La mayoría de los tiburones ballena que se observan en la bahía son jóvenes y miden entre 3.5 y 7 metros. Y la temporada es de junio a noviembre. 

Mi emoción fue la misma la segunda y la tercera vez que volví al mar. Como éramos seis fue fácil turnarse para que sólo tres estuviéramos en el agua al mismo tiempo. 

Bienvenida en su casa, ¡así me sentí!.

Y con el corazón contento y agradecido terminamos el día relajados en la playa. 

  • Más información sobre el tour pinchando aquí



Iva Meza

Travel Blogger en Vieneiva

Costarricense, viajo y trabajo como periodista desde cualquier parte del mundo. Amante de la naturaleza, del yoga, de la gente y sus costumbres. Voy buscando historias positivas. ¡Pura vida!

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