Al son de la biodanza

Cuando supe que volvería a Chile a la primera persona que contacté fue a Gilyan, una santiaguina que conocí en Costa Rica mientras ella mochileaba. Estaba tan feliz de nuestro reencuentro, conversábamos bastante y así empezó a darme consejos sobre la capital. Un día me escribió sobre la biodanza, y sentí mucha empatía con esta terapia creada por el oriundo de Concepción, Rolando Toro.

Y mi primera sesión de biodanza llegó en el momento indicado, siendo muy sincera me la estaba pasando bastante mal esos días producto de una ruptura amorosa. Gilyan había estado muy cerca mío en el proceso y me invitó a una de sus clases, ¡claro que sabía los efectos positivos que me produciría!

Era 20 de septiembre, hacía frío, estuve trabajando por la tarde con mi computador en un Starbucks y en la noche nos encontramos en la boletería del metro Parque Bustamante. Yo estaba emocionada, así como la primera vez que pisé un estudio de yoga.

Llegamos al lugar y estaba lleno de gente, ¿saben?, sentí mucha paz cuando entré a la sala. El facilitador, Álvaro, nos recibió con un fuerte abrazo. Nos sentamos en círculo y cada uno tuvo unos minutos para presentarse. Para mi grata sorpresa había otra costarricense, ¡este mundo es pequeño!

Y sin más preámbulo empezó aquella sesión que recordaré siempre. Todo fue tan natural. Y al son de la música de vez en cuando con los ojos cerrados, danzamos y danzamos, a veces acompañados, a veces solo. Álvaro nos indicaba las dinámicas, y nosotros como niños jugábamos con nuestros cuerpos sintiendo la energía del grupo. Todos los movimientos eran libres.

Esa noche salí renovada, me sentía liviana, flexible y plena. La biodanza se volvió rutina en mi paso por Santiago, sus efectos fueron inmediatos. Además encontré en esta comunidad a personas amorosas y sensibles con las que compartí también en otros espacios.

Los beneficios de la biodanza son muchos: de fuerza vital, te ayuda a estar en el aquí y el ahora, a liberar emociones, y adaptarse a los cambios.

Toro decía: “Los juegos de psicodanza son un conjunto de experimentos de expresión corporal. Aluden al poder musical para curar enfermedades, invocar las fuerzas de la naturaleza, despertar el amor o el deseo, armonizar las sociedades… Para lograrlo, hay que despertar en el hombre la musicalidad interior perdida y restituir su vitalidad animal”.

Iva Meza

Travel Blogger en Vieneiva

Costarricense, viajo y trabajo como periodista desde cualquier parte del mundo. Amante de la naturaleza, del yoga, de la gente y sus costumbres. Voy buscando historias positivas. ¡Pura vida!

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