Calafate, fruto de la patagonia

El Calafate es un arbusto espinoso perenne endémico de la Patagonia chilena y argentina, sus frutos son comestibles y se les considera todo un símbolo de la zona austral, además de asociarse a una bella y triste leyenda.

El arbusto de calafate alcanza una altura aproximada de 1,5 metros, entre los meses de octubre y enero se llena de llamativas flores colgantes de color amarillo, brindando todo un espectáculo natural. En tanto, el fruto del calafate, es una baya de color azul oscuro, con un diámetro que se encuentra entre los 8 y 10 milímetros.

Símbolo de la ciudad de Punta Arenas, el calafate se cosecha entre mediados de enero a comienzo de marzo, con el se elaboran mermeladas, pasteles, siropes y licores, Además cuenta con muchas propiedades medicinales, como un alto índice de antioxidantes, vitamina C y vitamina E, entre otras, razones que le han valido ser considerado junto al maqui y la murta, como uno de los llamados super frutos chilenos.

En Chile es posible encontrarlo de forma abundante en las regiones de Magallanes y Aysén, en tanto que en la región de Los Lagos se encuentra en menor medida. Como uso medicinal destaca su acción antibacteriana, además de poseer «berberina» la cual muestra cierta actividad antitumoral.

Al calafate también se le atribuye una triste leyenda, que dice que quien saboree uno de sus frutos siempre vuelve, de ahí también la frase del himno de Punta Arenas que dice “el que come calafate ha de volver”.

La leyenda cuenta que en la zona austral existía un jefe Aonikenk, él que tenía una bella hija de nombre Calafate, que destacaba sobre las demás jóvenes por poseer unos grandes ojos de color dorado. Cierto día, por el lugar pasó un joven Selknam, al verla cayo perdidamente enamorado de Calafate, y ella también se enamoró de él. Sin embargo, como sabían que sus tribus no aceptaría esta unión decidieron fugarse.

El jefe Aonikenk al descubrir sus planes, recurrió a la chaman de la tribu, la que hechizó a la joven convirtiéndola en un arbusto, pero en un acto de buena voluntad le permitió que sus ojos pudiesen seguir viendo el lugar que la vio nacer y crecer. El joven enamorado buscó durante mucho tiempo a su amada, pero al no encontrarla, finalmente murió de tristeza.

Al ver que el amor que ambos jóvenes se profesaban era real y arrepentida de lo que había ocasionado, la chamán hizo que al caer las flores del calafate se convirtiesen en un delicioso fruto, que es el corazón de la joven Aonikenk. Es por esto que todo aquel que come el fruto del calafate cae bajo el mismo hechizo que el joven Selknam, por lo que siempre han de volver a la Patagonia.

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