Marta Brunet

Su infancia en el sur de Chile fue un caldo de cultivo para las imágenes y experiencias campesinas con las que construyó un rico universo de personajes, ambientes y tramas, expresando en un mundo novelesco de gran fuerza y dinamismo.

Marta Brunet nació el 9 de agosto de 1897, en Chillán. Sus primeros años de vida transcurrieron en el fundo Pailahueque de Victoria, en el sur de Chile. Desde ese espacio recogió las imágenes y experiencias campesinas con las que construyó un rico universo de personajes, ambientes y tramas, expresado en un mundo novelesco de gran fuerza y dinamismo.

Su interés por la creación literaria se manifestó muy tempranamente, al escribir a escondidas para su «único auditorio de perros y gatos». A los catorce años dejó la localidad de Victoria para viajar a Europa, llevando consigo una esmerada educación, lograda por medio de profesores particulares e institutrices. Esta formación le permitió relacionarse fácilmente con las obras de Marcel Proust, Paul Claudel, Miguel de Unamuno, Azorín y Luigi Pirandello, que dotaron su escritura de una nueva perspectiva narrativa.

Desde sus primeras rebeldías familiares, que la libraron de un destino puramente doméstico, la autora se ocupó de describir el mundo que la rodeaba, insertándolo en las formas del criollismo; sobre todo en su obra capital de este período, Montaña Adentro. Por esta razón la crítica literaria la redujo por años al reducto de lo rural y lo provinciano, sin dimensionar la gran apertura e innovación que generó tanto en el desarrollo temático de sus obras como en el manejo de lenguaje, al recoger las voces locales y plasmarlas en su completa desnudez. Incluso Gabriela Mistral criticó lo que ella denominó como el «dialectismo desenfrenado» de Marta Brunet.

El período criollista de Marta Brunet fue quedando atrás, en la medida en que la plasmación del proceso creativo y el acto mismo de la escritura ahondaban en la conciencia de sus personajes. En 1946 publicó Humo hacia el sur y La mampara, obras en las que procuró expresar el cambio síquico de las protagonistas por medio del análisis introspectivo. Luego, persistiendo en novelar el fondo de sus personajes, se introdujo en los espacios inconscientes con Raíz del sueño (1949), incursionando una corriente más surrealista al trazar, por este medio, los rasgos sicológicos de la protagonista. En 1957 publicó María nadie, que fue criticada por el «exceso de crudeza» en el tratamiento de los personajes y sus condiciones en el relato. El crítico Hernán Díaz Arrieta (Alone) se refirió a esta etapa en la escritura de Marta Brunet: «Con el mismo pie audaz que había penetrado Montaña adentro, no vaciló en avanzar, resueltamente, almas adentro. Era el momento que aguardaban los fantasmas atávicos, las sombrías demencias, los fermentos morbosos de que la sangre va cargándose, mundo impaciente, sofocado por la disciplina racional y ansioso de producirse».

La crítica literaria chilena reconoció su calidad. Estos méritos fueron recompensados con varios premios literarios como el concurso de cuentos organizado por El Mercurio (1929); el concurso de la Sociedad de Escritores de Chile, en la categoría novela (1933); incluso con el máximo galardón que se otorga en Chile: el Premio Nacional de Literatura en 1961.

 

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